¿VAN A ESCUCHAR A MI HIJO EN EL DIVORCIO?

Derecho de los menores a ser oídos ante juez

Abogados separaciones y divorcios Bilbao

 

Tal y como comentábamos en entradas anteriores de nuestro blog en España, cada vez se producen más divorcios y separaciones judiciales. Sin perjuicio de las consecuencias económicas y patrimoniales que ello acarrea para la pareja, resulta evidente que existe una dificultad añadida cuando hay hijos menores implicados. Y es que como consecuencia de un proceso judicial de Derecho de Familia, pueden adoptarse decisiones que supongan un cambio trascendental en la vida cotidiana de los menores.

Y es en estos casos cuando surge inevitablemente la duda: ¿tiene el menor derecho a ser escuchado frente al Juez? Y en tal caso, ¿cómo se articula en la práctica este derecho?

A través del post de hoy, nuestro despacho de abogados de Bilbao, aclara estas cuestiones:

Blog honetako aurreko sarreretan aipatzen genuen bezala, Espainian, gero eta dibortzio eta banaketa gehiago izaten dira. Ondorio ekonomiko eta patrimonialak alde batera utziz, seme-alaba adingabeak daudenean zailtasun gehigarriak sortu ohi dira. Izan ere, Familia-prozesu baten ondorioz, oso erabaki garrantzitsuak har daitezke, adingabeen eguneroko bizitza zeharo aldatzen dutenak. Kasu hauetan, nahi ala ez, normalean, zalantza bera etortzen zaigu burura: adingabeek entzunda izateko eskubidea dute epailearen aurrean? Eta hala bada, nola gauzatzen da eskubide hau praktikan? Gaurko post-aren bitartez, gure Bilboko abokatu-bulegoak gaia jorratzen du:

 

¿Dónde se encuentra regulada esta cuestión en el Derecho español?

Pues bien, cabe destacar que el derecho de los menores a ser oídos en el marco de un procedimiento judicial se encuentra jurídicamente muy asentado en nuestro Derecho. Tal vez podemos encontrar el primer eslabón en la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas en 1989, de la cual España forma parte. Haciéndose eco del contenido de la misma, nuestra actual Ley de Enjuiciamiento Civil del año 2000 y la reciente Ley Orgánica de Modificación del Sistema de Protección a la Infancia y Adolescencia recogen expresamente que los menores de edad podrán ser oídos en los procesos judiciales en los que se adopten medidas que afecten directamente a su esfera personal, familiar o social.

Cabe destacar que se trata efectivamente de un derecho. Y ello implica que dejando a un lado los supuestos en los que sea el propio juzgado quien considere necesaria la intervención del menor, éste puede exigir manifestar lo que considere oportuno en el procedimiento, siempre y cuando cumpla los requisitos legales establecidos a tal efecto, los cuales son, tener suficiente juicio para ello (cuestión que en atención a su subjetividad, debe ser constatada caso por caso) o en su defecto, tener al menos 12 años cumplidos.

Non arautzen da kontu hau Espainiar Zuzenbidean?

Egia esan, adigabeen eskubidea prozesu judizialetan entzunda izateko, oso finkatuta dago gure Zuzenbidean. Beharbada lehenengo oinarria 1989ko Nazio Batuen Haurren eskubideei buruzko Konbentzioan aurki dezakegu (Espainiak parte hartzen duena). Konbentzio honen edukia kontuan hartuz, gure 2000 urteko Prozedura Zibilaren Legeak, eta berriki onetsi den 2015eko Legeak, Haurrak eta Nerabeak Babesteko Sistema

aldatzen duenak, argi diote adingabeak entzunda izan behar direla beraien bizitza pertsonala, familiarra edo soziala eragiten duten prozesu judizialetan.

Eskubide batez ari garela nabarmendu behar dugu. Horrela izanda, epaitegi berak adingabearen parte-hartzea beharrezko duen kasuak baztertuz, adingabe hauek nahi dituzten adierazpenak egin beharko lituzkete hala nahi izanez gero. Alabaina, horretarako, legeak ezartzen dituen baldintzak bete behar dira: adimen nahikoa edukitzea (banan-banan egiaztatzen den kontu bat) edo bestela, hamabi urte baino gehiago izatea.

¿Cúando entra en juego este derecho?

Tal y como se ha adelantado, el derecho de los menores a ser escuchados en el marco de un procedimiento judicial cobra su mayor relevancia en los procesos de familia, y más en concreto, en los procesos en los que se pretenda implantar un cambio en el régimen de guarda y custodia existente. Y es que en atención a la trascendencia que evidentemente le supone a un menor tener que variar su día a día para adecuarse a un cambio de custodia, parece razonable que se le reconozca el derecho a expresar su opinión al respecto y a dejarle hacer todas las manifestaciones que considere oportunas.

A este respecto, señala nuestro Código Civil en su artículo 92 que “el Juez, cuando deba adoptar cualquier medida sobre la custodia, el cuidado y la educación de los hijos menores, velará por el cumplimiento de su derecho a ser oídos.” y de forma más específica que, “en todo caso, antes de acordar el régimen de guarda y custodia, el Juez deberá recabar informe del Ministerio Fiscal, y oír a los menores que tengan suficiente juicio cuando se estime necesario de oficio o a petición del Fiscal, partes o miembros del Equipo Técnico Judicial, o del propio menor […]”

Noiz nabaritzen da eskubide hau bereziki?

Aurreratu den moduan, adingabeen eskubidea entzunda izateko garrantsi nabarmenena hartzen du familia prozesuetan, eta bereziki, seme-alabenganako zaintza eta jagoletza eztabaidatzen den kasuetan. Izan ere, adingabeen eguneroko bizitza erabat alda daitekenez, bidezkoa dirudi aukera ematea beraien iritzia adieraz dezaten.

Zentzu honetan gure Kode Zibilak, 92. artikuluan honela dio:  “epaileak edozein neurri hartu behar duenean seme-alaba adingabeen jagoletza, zaintza eta hezkuntzari buruz, seme-alabon eskubidea betetzea zainduko du, horiek esan beharrekoa entzunez” eta  “zaintzaren araubidea erabaki aurretik, epaileak txostena eskatuko dio Fiskaltzari, eta adingabeek esan beharrekoa entzungo du, horiek behar besteko zentzutasuna badute eta horiei entzutea beharrezkotzat jotzen bada ofizioz edo fiskalak, alderdiek, talde judizial teknikoak edo adingabeak berak hala eskatuta […]”.

¿Cómo interviene exactamente el menor?

El término jurídico para denominar la intervención genérica del menor es “audiencia” o “exploración”. No obstante, llegados a este punto, es necesario precisar que nuestras leyes  no establecen un modus operandi concreto para ello, por lo que han sido los diferentes juzgados los que han desarrollado su propio criterio a la hora de realizar esta exploración. Situación que ciertamente no resulta muy oportuna, puesto que no deja de ser una fuente de inseguridad, tanto para el menor como para sus familiares.

Así, por ejemplo, no está claro el número de personas que deben intervenir en la audiencia. Si bien resulta lógico que los padres no deben estar presentes para no condicionar al menor, dependiendo del Juzgado en cuestión, junto al Juez y un representante del Ministerio Fiscal (que siempre deben estar), puede haber un secretario, abogados, un psicólogo, otro miembro del equipo psicosocial… Y es que, de cara a preservar la privacidad del menor compareciente, resultaría lógico que debiera haber el menor número de personas posible, pero lamentablemente, esta circunstancia no está legalmente recogida en la actualidad.

Tampoco resulta pacífica la forma de recoger el contenido de la exploración. Algunos Juzgados optan por grabar en soporte audiovisual la comparecencia, otros consideran que una grabación resulta demasiado invasiva, y recogen documentalmente el contenido literal de la conversación. Otros, levantan un simple acta con las ideas que el menor ha trasmitido, etc.

Del mismo modo, no queda claro el lugar físico donde debe realizarse la exploración. Una sala de vistas, con los micrófonos, las banderas, la gente con toga, el retrato del Rey y demás, a priori, parece demasiado intimidante, si lo que se pretende es que el menor se encuentre cómodo y se manifieste con naturalidad. En otras ocasiones, se realiza en el propio despacho del Juez en un ambiente más desenfadado. Otros Juzgados, por contra, habilitan salas especiales… Reiteramos: no hay un criterio establecido.

No obstante lo anterior, parece que afortunadamente, hay un consenso generalizado en diversos aspectos:

En primer lugar no hay discusión en lo que respecta a la intimidad del menor como epicentro de la exploración. Y es que nadie discute que la exploración debe tener lugar en un entorno discreto creando un espacio de seguridad para que el menor pueda manifestar sus opiniones de una forma abierta, sin condicionamientos externos y sin que tenga la sensación de que con su declaración está traicionando a uno de sus progenitores.

Del mismo modo, tampoco se discute el hecho de que la exploración no debe ser nunca un interrogatorio, sino que al contrario, debe mostrarse como una conversación espontánea y fluida, debiendo adaptarse siempre el discurso a un lenguaje coloquial que al menor le resulte familiar y evidentemente, dándole la posibilidad de expresarse en la lengua que le resulte más sencilla.

En conclusión, el derecho de los menores a ser oídos en el seno de un procedimiento que afecte directamente a su esfera personal, familiar o social se encuentra sobradamente apuntalado en nuestro Derecho y avalado constantemente por las resoluciones de nuestros jueces. No obstante, lo anterior, y en lo que respecta al acto de la exploración en cuestión, todavía quedan muchos flecos sueltos que actualmente no tienen una regulación precisa, surgiendo diferencias indeseables en función del juzgado que tramite el proceso.

Nola partze hartzen du adingabeak zehazki?

Puntu honetan, azpimarra beharko genuke gure legeek ez dutela ezartzen modus operandi zehatza honetarako. Hori dela eta, epaitegi bakoitzak bere irizpide propio garatu du azterketa hau praktikatzeko. Egin esan, egoera hau ez da oso gomendagarria izaten. Izan ere, segurtasun- gabezia baina ez du sortaratzen bai adingabearentzat, bai senideentzat.

Esate baterako, ez dago argi zenbat pertsona egon behar diren azterketan. Zentzuzkoa denez, gurasoek ez dute aurrean egon behar, adingabeenganako presioak saihesteko nahian. Bestalde, epailearen eta Ministerio Fiskalaren ordezkari batekin batera (derrigorrez egon behar dutenak), idazkari bat egon daiteke, abokatuak, psikologo bat, lantalde psikosozialaren kideren bat, etab. Adingabearen pribatutasuna gordetzeko, logikoa izango litzateke gero eta pertsona gutxiago egotea, baina zoritxarrez, gai hau ez dago oraindik araututa.

Ezta azterketaren edukia biltzeko moduan ere. Epaitegi batzuk ekitaldia filmatzea erabakitzen dute. Beste batzuek, ordea, filmaketa neurriz kanpo dagoela uste dute eta dokumentu baten bitartez jasotzen dute esandako hitz zehatz guztiak. Beste batzuek, akta bat baino ez jasotzen dute, eta abar.

Era berean, ez dago argi zein den leku aproposena azterketa egiteko. Auzi-areto bat agian beldurgarriegi omen da adingabeak epailearen aurrean eroso agertzeko, mikrofonoak banderak, togak, Erregearen irudia eta guztia kontuan hartuz. Hori dela eta, batzuetan epailearen bulegoetara jotzen da, esparru lasaiago batean, edo epaitegi batzuek, gela bereziak prestatzen dituzte horretarako. Berriz, ez dago irizpide bakarra.

Dena den, epaitegi guztiak bat datoz hainbat muturretan, zorionez:

Hasteko, azterketetan beti errespetatu behar da adingabearen intimitatea eta ez dago inongo eztabaidarik hemen. Izan ere, ezinbestekoa da klima diskretu bat, adingabeak bere iritziak era zabalean adieraz ditzan, kanpoko presiorik gabe, eta guraso bat traizionatzen ari dela sentimendua eragin gabe.

Era berean, azterketa ez da galdeketa zorrotza inoiz izan behar, baizik eta solasaldi natural bat, eta horretarako adingabeari erraza egiten zaion mintzaira erabili behar da beti, haren jatorrizko hizkuntzan hitz egiteko aukera emanez, noski.

Laburbilduz, bizitza pertsonala edo familiarra eragiten duen prosezu judizialetan adingabeen entzunda izateko eskubidea erabat finkatuta dago gure sisteman eta hala berresten dute epaileen ebazpenek etengabe. Hala eta guztiz ere, azterketa berari dagokionez, badira oraindik gai batzuk arautu gabe, nahigarri ez diren desberdintasunak sortarazten epaitegien artean.

 

Sea como fuere, resulta evidente que la intervención de un menor en un proceso judicial es un asunto muy sensible que aconseja siempre la intervención de un profesional de cara a salvaguardar el cumplimiento en todo momento de las garantías oportunas.

Por tanto, si se encuentra en una situación similar y no sabe como actuar, no dude en ponerse en contacto con nuestro despacho de abogados en Bilbao. Le asesoraremos de la mejor forma.

Iuris Bilbao Abogados